Panpinen Etxea / Casa de Muñecas


Desde tiempos remotos, artistas de todos los continentes, han creado arquitectura a pequeña escala, que era colocada en las tumbas de las gentes relevantes de sus civilizaciones, para ser usadas en el más allá. Para asegurar el confort del gobernante, todos los elementos esenciales y utilitarios del día a día o característicos de sus asentamientos, eran representados fielmente en estos modelos. 

Esta serie de objetos (que van de lo más sencillo a lo más elaborado), muchas veces poblados con multitud de figurines en acción, ponen de relieve la relación de la vida cotidiana con los antiguos rituales funerarios y nos transmiten sobre todo sus creencias en un mundo más allá de esta vida. Estos componentes rituales, no se conciben pues como un prototipo o un modelo para producir una estructura, sino que más bien son pequeñas efigies arquitectónicas que destilan de algún modo las ideas y costumbres y practicas contenidas en la vida cotidiana y que como decimos ponen de relieve la relación antigua de la arquitectura con las estructuras de poder. 

Dejando de lado el ritual fúnebre de los mandatarios de los antiguos reinos, las primeras "Baby Houses" en Europa, fueron comisionadas por primera vez en Alemania entrados ya en el siglo XVI, para entusiasmo de Alberto V, es decir, que las casas de muñecas todavía estaban creadas al servicio de clases económicamente desahogadas. Alemania, Holanda y Países Bajos se convierten en grandes productores y coleccionistas de estos objetos domésticos, hasta que en 1687, tras la revolución, saltan a Inglaterra, y es a partir de ese punto cuando incorporarán sus genuinas fachadas convirtiéndose en las características casas de muñecas que conocemos hoy. 
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De este modo las casitas de muñecas, replican de manera idealizada, las propias casas de las señoras y señores pudientes, que en esta época todavía no son considerados juguetes, sino como objetos que denotan el estatus social de quienes las poseen y muestran con orgullo a los visitantes del hogar. Estos encargos artesanales eran detallados al límite, llegándose a reproducir las vajillas, pinturas, tapicerías,... para ser admiradas por grandes y pequeños. No será hasta el advenimiento de la revolución industrial en el Siglo XIX, que las casitas de muñecas se conviertan en gran número, gracias a la producción de masas y pasen a ser un objeto coleccionable para el juego infantil de mayor transcendencia social y de disfrute popular.


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Con el taller Pampinen Etxea, en colaboración con el Museo Zumalakarregi, abordamos el tema de la casa de muñecas en el siglo XIX, como el punto de inflexión en que este objeto lujoso, pudo pasar durante la revolución industrial, si no a democratizarse, si a devenir un objeto, no sólo representativo y poderse entender como un juguete infantil. 
A la convocatoria de sábado por la tarde acudió un amplio grupo de niñas y niños, para la creación colectiva de una de esas réplicas domésticas de las casas de muñecas en cartón. Para introducir el tema, pasamos una colección de imágenes de arquitectura y vitrinas barrocas, tratando la evolución de las baby houses que dieron idea del contexto histórico en el que habríamos de movernos.
Para poder llevar eficazmente a cabo el juego, nos distribuimos las diferentes piezas de la casa, repartiendo el programa entre los participantes, que disfrutaron solos o por parejas, con los aparentemente sencillos materiales, que a medida que se iban acumulando al interior de las estancia e iban desapareciendo las superficies de cartón de las cajas, nos tele-transportaban a otra época anterior, plagada de detalles y ricos motivos.
Los sencillos papeles y las cartulinas de colores, los papeles estampados, las fotocopias de chimeneas, puertas, cenefas... los retales de telas estampadas, el pegamento de barra, algún rotulador oro y la cola blanca hicieron su papel, y al cabo del taller todas las diferentes estancias de la casa pudieron ser integradas en nuestra casona, que con sus ventanas pre-cortadas solo esperaba llenarse de luz, color y frescas formas, en las habitaciones de la casa muñecas.  
El final del taller no pudo ser más entrañable y para culminar la tarea sin estrés y tomar un momento de reposo y disfrute, la organización ofreció a las y los participantes una deliciosa merienda, que junto con los interesantes talleres que ofertan, seguro fidelizará a estos jóvenes y los vinculará al museo de forma permanente! 

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