> Garai Hartan_Igartubeiti_2014


Cuentan los mitos que hace mucho, mucho tiempo, en un día de verano, un pícaro héroe llamado Martintxiki, consiguió robar a los Basajaun mediante tretas, unas semillas de trigo en sus botas, y que los espió para conocer cómo y cuándo sembrarlas. Y no sólo eso, también se cuenta, que Martintxiki se hizo con los secretos de la arquitectura, música, agricultura, herrería y la vida sedentaria de los Basajaun. Estas historias del etnógrafo Aita Barandiaran, recogidas en Ataun, nos da a entender el origen de la agricultura en Gipuzkoa y de cómo los pastores neolíticos comenzaron, en un momento dado, su primera revolución y conversión en labradores y recolectores, gracias a la siembra del cereal mediterráneo y la llegada de nuevas técnicas de carpintería y herrería. Desde esos albores del tiempo, las familias vascas viven como unidades autónomas, asociadas a unas economías de subsistencia basadas en la producción de la agricultura, el comercio y la ganadería, hasta desembocar en un nuevo punto de inflexión en la Europa del S.XVIII, que fue la revolución industrial, el momento de transición que dio fin a muchos siglos de trabajo manual y al transporte de tracción animal.

Pero volviendo a esas épocas remotas, y dejando a un lado las leyendas y los mitos, podemos situar el concepto del baserri, como unidad de producción, en los siglos XII y XIII, donde comienzan los nombres reconocidos por las autoridades locales y que permanecerán invariables hasta nuestros días. Estos nombres no hablan todavía del caserío como edificio con entidad propia, (que no nacerá como tal hasta el S XV), sino de instituciones económicas, en las que vivíamos los vascos, asociadas a pequeñas y precarias construcciones de tabla, repartidas por las parcelas, que servían para el lagar, los graneros y las pocilgas... El baserri como edificio autónomo que recoge todos esos usos repartidos, nace gracias a la ciencia de los maestros trazadores europeos, allá por el XV, transformándose en una serie de bellas y únicas construcciones góticas de cal y canto.

Con el taller Garai Hartan, tratamos de explicar la evolución de este fenómeno de la arquitectura popular que puebla aun nuestros valles, fijándonos sobre todo en el cambio de usos y la adaptación de los programas a lo largo de los siglos hasta nuestros días. En base a esquemas en dos dimensiones, explicamos la distribución de usos y su evolución en el tiempo en la planta de Igartubeiti, para adentrarnos juntos en la construcción colectiva de una maqueta del caserío y sus habitantes.
Desde aquí queremos agradecer a la organización, el detalle con que cuidaron a los nin@s del taller y a nosotros mismos, y felicitamos al Caserio-Museo Igartubeiti por la búsqueda constante de contenidos interesantes y temáticas relacionadas con la transmisión de su patrimonio vivo a los más pequeños!
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> Taller de arquitectura del caserío Igartubeiti

Caserío Igartubeiti. Itsaso/Ezkio.
Cuenta la historia, que allá por el siglo XV, el territorio gipuzkoano sufrió una revolución arquitectónica, que lo transformó definitivamente. Los arquitectos alemanes que viajaban por europa, para construir la catedral de Burgos, trajeron una tipología maquinista, que aglutinaba los usos de todas las pequeñas construcciones, que completaban los usos del caserío. Así en esa época, nace el Baserri. Una máquina perfecta, una expresión del high tech de la época, que encierra una gran prensa romana, para la fabricación de la sidra de nuestros manzanos; una metáfora de la transformación de la tierra misma, donde no sin esfuerzo, la piedra toma forma de dintel, la tierra se vuelve teja y la madera de hace fuerte como estructura.


Con el caserío Igartubeiti, restaurado recientemente, según las técnicas tradicionales, tenemos acceso en nuestros días, a uno de estos fenómenos de la arquitectura medieval, con todos sus detalles. Gracias al esfuerzo de interpretación del centro, hoy los pequeños tienen la posibilidad de conocer de primera mano este invento revolucionario, que se enclava en una tierra de los seles y los cromlech, de manzanos y robles, de bueyes y troncos. Para explicar este fenómeno, preparamos un taller de arquitectura, basado en la construcción del sistema arquitectónico del caserío Igartubeiti, haciendo hincapié en la diferenciación clara, del sistema estructural en madera, del ciclópeo cerramiento en piedra, sin apenas valor portante.


La eficiencia del sistema sostenible del caserío, se basa en el empleo y aprovechamiento máximo de los elementos de la tierra y la posibilidad de renovar los votos con la vida, año a año, sin fin. Así una cama de cuerdas, lana de oveja y peladuras de mazorcas de maiz, hace posible cambiar de colchón a menudo, en base a los restos derivados de la propia actividad desarrollada en la casa.  También, la comprensión del territorio común, del que sólo nos quedan algunos Kortarris, como vestigio, fué tema de estudio de este taller, en el que disfrutamos todos, poblando con nuestras realizaciones, una geografía en miniatura, llena de círculos y caseríos.

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