Matrioska House + School Days.

Fotografía maushaus_School Days.
Henry Frugès en 1923 encargó a Le Corbusier un pequeño barrio de casas para sus trabajadores en la azucarera. Monsieur Frugès autorizó a realizar y desarrollar al arquitecto, sus teorías urbanísticas hasta las consecuencias más extremas. PESACC fue un laboratorio donde abandonar los sistemas constructivos tradicionales, rompiéndose con todo lo convencional en cuanto a estética se refiere. Hubo de ser, el resultado de sus innovaciones y no parecerse al de las casas tradicionales de cara construcción y mantenimiento costoso. Como la moderna factoría, la casa debía ser contemporánea.


En maushaus somos super-fans de Le Corbusier y siempre que visitamos el barrio de las afueras de Burdeos, transfigurado por el uso y algún que otro complejo con la modernidad, nos acordamos de ese generoso pensamiento del maestro que decía al ver transfigurados sus edificios: "La vida es la que siempre lleva razón, y el arquitecto quien se equivoca". Hemos querido homenajear su pequeña ciudad jardín, en una basta pradera rodeada de pinos, de hace casi un siglo y dedicarle el taller de matrioska house.
 

En el mismo espíritu experimental y siguiendo unas recomendaciones arquitectónicas simples para asegurar la creación del conjunto, recreamos Pessac a nuestra manera, con sus pequeños gratte-ciels y sus pinos, sus cubiertas planas y su policromía...
La idea de la casa como matrioska cúbica, repleta de menores cubículos que habitar, llegó hasta sus ultimas consecuencias, resultando ser ell@s mismos, los niñ@s, la figura más pequeñita!


Cómo último taller de este trimestre, School Days, es un taller que nos habla de las tipologías y su evolución. Así como el teatro es la tipología arquitectónica que más a evolucionado, nosotros tratamos la escuela, como una tipología que nace, sin aporte de material, al abrigo de la copa de un árbol, hasta convertirse en otra cosa que aspiramos a encontrar año tras año, con este taller. Descubrimos siempre nuevas materias que los arkitxikis, consideran troncales, casi siempre relacionados con la robótica y las nuevas tecnologías, así como recurrentemente aparecen con los años, espacios para la calma y el reposo total.


Atrapado en el medio de la escuela maushaus, no hay un campo de fútbol, sino un corazón verde que refresca la idea de aprender bajo una sombra, el árbol como metáfora cambiante del ciclo estacional, conecta los pensamientos de los más pequeños con la vida misma, y ayuda a tomar conciencia de la bondad de las aulas que nos permiten aprender bajo condiciones climatológicas extremas, solventando las condiciones óptimas para la educación y el disfrute. Felices vacaciones de pascua!!
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> Maushaus loves ATARI!

Le corbusier Barbican Gallery.
L´architecture est le jeu, savant, correct et magnifique des volumes sous la lumière(*). Con esta definición de L.C.,es con la que nos gustaría empezar una reflexión, acerca del juego. Sin entrar a valorar su magnificencia, sabiduría o corrección, la arquitectura quedaría reducida a un juego de volúmenes y luz. Un juego de reglas obligatorias, propias de la materia, asumidas libremente, en un contexto de límites espaciales y temporales, donde l@s arquitect@s tratan de encontrar la alegría y el placer, combatiendo el azar, que no deja apreciar sus excelentes cualidades.
Un siglo casi después, de esta hermosa definición, podemos aseverar prácticamente, que el arquitecto ha dejado de ser un jugador, para pasar a ser un deportista. El desarrollo de su actividad en un marco comparativo con los demás jugadores, y la motivación extrema de salirse con la suya, en términos de resultados, acaban estableciendo los términos de la competición.
Después de muchos años jugando a este eficaz deporte internacional de los concursos, echabamos de menos, el juego alegre de la arquitectura. Parece que, no sólo, el juego de l@s niñ@s ha sido relegado al txoko de los juguetes, sino que se ha impuesto, entre todos, un estado de amnesia adulta generalizada, que nos acerca efectivamente al trabajo serio y acaba por despreciar el juego como algo infantil, dándole un sentido peyorativo.
Así que coherentemente, hemos dejado el deporte, y hemos vuelto a jugar, eso si, con niñ@s, al magnífico juego de los volúmenes bajo la luz. Otra vez la arquitectura se formula de manera lúdica; jugamos juntos, estableciendo reglas que nos ayudan precisamente a relacionarnos libremente con la arquitectura.
Por fin, han desaparecido el miedo al fracaso y al éxito, y la arquitectura nos conecta con el mundo.
Ahora, después de unos años jugando a este juego sabio de la arquitectura con los pequeños, maestros en el taller, nos damos cuenta de la miopía que estabamos desarrollando, al pensar que se podía perder haciendo arquitectura, de lo malo que era el deporte de competición, donde los jugadores olvidamos que la finalidad en si misma del juego, es gratuita, desinteresada, e intrascendente también.

(*)Vers une architecture/1923.

Carlos Arruti y Anabel Varona, de maushaus para ATARI Cultura Arquitectónica. 
2012/ Mayo/Donostia.


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