Igandetan Petritegin!



Este post, trata acerca de una de las manifestaciones de la arquitectura vasca por antonomasia, que es el baserri. Una construcción rural apta, tanto para la vida digna, como para los otros fines a que se la destina; independiente en su emplazamiento y comunicado con los demás mediante senderos, el sólido y parco baserri, como diría, Pablo de Zabalo, es una metáfora de la tierra, una transformación del suelo, del que brota como una flor, y de la que toma prestados los elementos que lo conforman. Piedra cal y yeso, para los muros, madera para su armazón y sus puertas y arcilla para tejas, ladrillos y vasijas. La esforzada transformación de estos elementos de la tierra, confieren al baserri, una utilidad, durabilidad y dignidad, por los siglos de los siglos. 
En el siglo XV el caserio Petritegi,  nació con vocación de máquina para elaborar la sidra. Para ello, necesitó de la tierra sus frutos, y del humano sus herramientas, para la recogida y envasado de la misma.
Estos meses de otoño, hemos diseñado e impartido cuatro talleres en el actual caserio Petritegui. Las actividades, tenían como hilo conductor el proceso de la sidra, dónde nos fijamos en cada parte y sus protagonistas, que nos sirvieron de material de construcción y aprendizaje. A través de juegos, los niños aprendieron conceptos relacionados con la sidrería y sus procesos. Sobre todo, hablamos de naturaleza, arquitectura y materiales. 
Este proceso, ha sido una de nuestras primeras experiencias en entrenar a monitores, para que ellos, impartan futuros talleres con nuestras directrices. También como en todo proceso, surgen caminos paralelos, como la creación y diseño de juguetes, que es un elemento de relación con los niños además del propio juego. Pues nada que, ya saben, el otoño que viene, anímense!

1) El árbol. La flor y la hoja.

En este primer taller nos fuimos al origen de la sidra que es el árbol del manzano. Cogimos hojas y manzanas de los árboles, dibujamos, pintamos y construimos con ellas. Analizamos la forma de la manzana, el tesoro en forma pentagonal que esconde su interior que son las semillas, y nos preguntamos de dónde viene todo lo que vemos, y nos dimos cuenta que mucho viene de nuestros grandes amigos los árboles. Finalmente jugamos al juego de transportar la manzana.


2) La recogida. La cesta. 

Muchas veces detrás de los juegos vascos, existe una actividad rural cotidiana como la siega o las txingas. En el caso de la recogida de la manzana,  "inventamos" el sagar biltze kiskiarekin jokua o juego de recoger la manzana con la kiskia o palo con gancho. En este taller, construimos cestos con tiras de papel de periódico, que cobraron sentido en el juego de la recogida.



3) El caserío (baserri) y la máquina

El caserío en el siglo XV-XVI se transforma de manera revolucionaria, y abandona la costumbre de diseminar construcciones en su parcela, para los distintos usos, tipo graneros, gallineros, cuadras, etc, para dar lugar a la maravillosa arquitectura maquinista que conocemos y que puebla amablemente nuestros valles y que riega nuestras fiestas. La prensa romana para la confección de la sidra es un enorme engranaje  en madera, que ocupa de suelo a cubierta, y al rededor de la cual se alojan las distintas dependencias, como alcobas, entendiendo que la actividad principal del caserío es el trabajo y el descanso es secundario.

Se propone la construcción de un maquetón de madera para inter-actuar con él y los niños,  y algún mayor. A la vez, jugar a hacer la sidra en miniatura.

Para la materialización de la maqueta, diseñamos un juego de construcción de piezas de madera, reduciendo el caserío a un despiece de madera, que los niños pudiesen montar fácilmente.




4) La sidra. El barril, la botella y el corcho.

En este último taller hablamos de los objetos para contener el líquido de la sidra. El barril, la botella y el corcho, sirvieron de hilo conductor del taller.
Realizamos estampaciones mediante corcho pintado, reproduciendo los manzanos, construimos barricas de cartón, explicando la técnica de doma de la madera para contener el líquido. Y, finalmente, introducimos nuestra pintura "secreta", en la botella para quizás mandar un mensaje al mar...



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