30'._Axis mundi


El nacimiento de una ciudad, como los cimientos de una construcción, quedan casi siempre desapercibidos al ojo. Sin embargo, la fundación tiene algo de cósmico y de augúrico, que nos conecta con las estrellas que gobiernan los cielos, y que a penas podemos ver a la luz del Sol. Es la ciudad y su arquitectura, la que nos propone ese vínculo entre lo divino y lo humano, estableciendo relaciones de conveniencia, en las orientaciones de lo construido, proporcionándonos formas, a simple vista, reconocibles y de carácter, en ocasiones simbólicas, con las órbitas celestes. Este lunes, en el taller, tratamos la ciudad, desde sus cimientos, como ombligo del mundo, como un lugar de convergencia, entre lo visible y lo invisible, como eje del mundo, en fin. Para ello, construimos un pequeño planetario, trufado de estrellas y planetas, como preexistencia ineludible. A partir de este cosmos galáctico, la reflexión práctica del taller, ha requerido del empleo de herramienta de precisión, conectada con las energías ocultas y presentes de la naturaleza, como la brújula y otras tal vez, más prosaicas, como el azulete y el compás. Hemos producido un contorno para nuestra nueva urbe, a base de cantos de río, como idea tectónica de la fuerza pétrea, y le hemos trazado dos ejes perpendiculares en dirección N-S y E-O. Con la tecnología del triángulo egipcio, nos aventuramos a girarlos, hasta encontrar un cruce cardo-decumánico saludable, que en su intersección con el linde redondo de la ciudad, han producido las puertas y cuatro cuadrantes, en los que asentar a la hipotética población y a los diferentes usos, que asegurasen, la progresía de la ciudad futura y sus habitantes. Hoy se habló pues, de foros, ejes, egipcios y tecnología antigua, que no por ello esta caduca. La bondad de una vida humana, cercana a la naturaleza, conecta a sus estructuras con la vida; y los infinitos planos que la representan, a lo largo y ancho del mundo, nos hacen constatar, la omnipresencia de estas reflexiones esotéricas, por los siglos de los siglos. La lectura de Eudoxia, de Italo Calvino, con su tapíz, en forma de mapa ,así como, la duda que nos plantea, en torno al origen y procedencia divina de dicha urdimbre, hizo del taller de las ciudades invisibles un bonito juego, digno de recordar.
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