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Le corbusier Barbican Gallery.

L´architecture est le jeu, savant, correct et magnifique des volumes sous la lumière(*). Con esta definición de L.C.,es con la que nos gustaría empezar una reflexión, acerca del juego. Sin entrar a valorar su magnificencia, sabiduría o corrección, la arquitectura quedaría reducida a un juego de volúmenes y luz. Un juego de reglas obligatorias, propias de la materia, asumidas libremente, en un contexto de límites espaciales y temporales, donde l@s arquitect@s tratan de encontrar la alegría y el placer, combatiendo el azar, que no deja apreciar sus excelentes cualidades.
Un siglo casi después, de esta hermosa definición, podemos aseverar prácticamente, que el arquitecto ha dejado de ser un jugador, para pasar a ser un deportista. El desarrollo de su actividad en un marco comparativo con los demás jugadores, y la motivación extrema de salirse con la suya, en términos de resultados, acaban estableciendo los términos de la competición.
Después de muchos años jugando a este eficaz deporte internacional de los concursos, echabamos de menos, el juego alegre de la arquitectura. Parece que, no sólo, el juego de l@s niñ@s ha sido relegado al txoko de los juguetes, sino que se ha impuesto, entre todos, un estado de amnesia adulta generalizada, que nos acerca efectivamente al trabajo serio y acaba por despreciar el juego como algo infantil, dándole un sentido peyorativo.
Así que coherentemente, hemos dejado el deporte, y hemos vuelto a jugar, eso si, con niñ@s, al magnífico juego de los volúmenes bajo la luz. Otra vez la arquitectura se formula de manera lúdica; jugamos juntos, estableciendo reglas que nos ayudan precisamente a relacionarnos libremente con la arquitectura.
Por fin, han desaparecido el miedo al fracaso y al éxito, y la arquitectura nos conecta con el mundo.
Ahora, después de unos años jugando a este juego sabio de la arquitectura con los pequeños, maestros en el taller, nos damos cuenta de la miopía que estabamos desarrollando, al pensar que se podía perder haciendo arquitectura, de lo malo que era el deporte de competición, donde los jugadores olvidamos que la finalidad en si misma del juego, es gratuita, desinteresada, e intrascendente también.

(*)Vers une architecture/1923.

Carlos Arruti y Anabel Varona, de maushaus para ATARI Cultura Arquitectónica. 
2012/ Mayo/Donostia.


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