>Maushaus loves Lucio Muñoz!


Lucio Muñoz, pertenece a una generación de artistas y discípulos de Benjamín Palencia, que practicó el camino de la abstracción y el compromiso con el llamado expresionismo abstracto, desde los años 50 del SXX hasta su fallecimiento en 1998. En junio de 1962 se presentó al concurso para la realización del ábside de la basílica de Aranzazu, con una propuesta monumental, que entronca, con la manera habitual de proceder del artista en sus obras.
Frente a la narrativa de Lara, Lucio evita la figuración y propone para el ábside, un lugar natural para la aparición, un drama de montañas calizas y vertiginosos cortados, donde encontrar a Andra Mari y encontrarse cómodo uno mismo. La propuesta informalista de Muñoz, se basa pues en la naturaleza imponente de Aranzazu y su grandeza, en la poética y el misterio de la aparición, que encierra este rincón de Gipuzkoa, donde la religiosidad es profunda y sincrética.
Se dice, que Lucio desarrolló una bonita relación con Andra Mari mientras creaba ese espacio mental para el encuentro y que de algún modo se hizo vasco, recuperando lo religioso, desde su reverencia ante la imponente naturaleza de estos valles. Así pues, con esta bella obra de 620 m2, construida en madera y de carácter mural, que es el retablo, se dota a la basílica de un alma mater naturalista. Una gran obra, que transmite, desde una simbología muy básica, la idea de tres planos superpuestos del paisaje oñatiarra, que ascienden desde la oscuridad hacia la luz cenital. A nivel de color, es una sutil degradación de tonos naturales, que nos hace instintivamente levantar nuestras barbillas en busca de la virgen, y nos atrapa definitivamente en su juego, de una plástica fuerte y muy espiritual. Así pues, el retablo de Aranzazu, como mucha de la obra de Muñoz, no es tanto una obra que debamos entender, sino un fenómeno abstracto que sentir. Es una obra entrañable en el sentido literal, una naturaleza a la que acercarse, sólo desde las entrañas del alma, algo que no puede sucedernos desde la racionalidad pura.
Lucio nos propone una geografía para disfrutar, de la misma manera contemplativa en que afrontamos los parajes naturales. Y este es el éxito de Muñoz, sin tener que abandonar su estilo informalista, logra con su propuesta alcanzar unos niveles de evocación tales, que dejan en evidencia a las demás propuestas de concurso, y nos conducen sin esfuerzo, a un mundo de abstracción en el que la emoción prima sobre la razón.

Nosotros continuando con la serie de talleres monográficos dedicados a los artistas que levantaron la basílica, preparamos un taller para los más pequeños, en el que disfrutaremos de la obra del artista Lucio Muñoz y su maravilloso informalismo.
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