> Musikaren atea /Txikijazz


Los puertas Toriis del mundo sintoísta se utilizan como un elemento de transición, exentas de los muros, que marcan el límite entre lo cotidiano y lo sacro. Estas estructuras en forma de pórtico, conectan el mundo humano con el mundo espiritual y al atravesar su umbral las personas se adentran en el espacio sagrado, entrando en comunicación con los dioses y los espíritus.

A finales de los años noventa, celebrando el Camino de Santiago, a la manera de los Torii, el escultor Eduardo Chillida colocó una magnífica obra, titulada 'La puerta de la música' que se alineó con el templo gallego de la catedral para brindar homenaje al Obradoiro y saludar a su Apóstol.

 

La obra del escultor Eduardo Chillida, 'La puerta de la música', descansa sobre la hierba como un portal místico que emite sonidos peculiarmente metálicos cuando el viento la atraviesa y nos habla de esa dualidad musical entre el sonido y el silencio, que poco difiere de la relación existente en el arte de la escultura, entre la materia y el espacio y que tanto practicó el escultor donostiarra.

 


Los números, como las puertas torii del mundo sintoísta, son una puerta o principio del orden universal para establecer la igualdad, la simetría y en última instancia la estética de la proporción que está siempre presente en la obra del escultor, que inspiró nuestro taller en Chillida Leku, para aunar escultura y música, en esta bonita oportunidad que nos brindó el Txikijazz, dentro de los eventos del Festival de Jazz - Jazzaldia, para compartir en familia la música en la casa de Chillida.

 

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> Gego/ Viernes Z en MGB

 

Con motivo de cuarta edición de la Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi MUGAK y la exposición del Museo Guggenheim Bilbao 'Gego. Midiendo el infinito', este mes de noviembre hemos impartido unos talleres para jóvenes entre 20 y 30 años organizados por el Instituto de Arquitectura de Euskadi, en colaboración con el programa TopARTE del MGB.

Gertrud Goldstein es junto con Jesús Soto y Alejandro Otero una de las grandes figuras del arte abstracto venezolano. Nació en Hamburgo en 1912 y estudió ingeniería especializándose en Arquitectura en Stuttgard en 1938, justo antes de emigrar a Venezuela por la convulsa situación de la política fascista en Alemania que arrasó con las personas de origen judío. Gego, como fue apodada, fue muy reconocida en todo Latinoamérica por sus esculturas de gran formato que aúnan siempre en armonía, su faceta arquitectónica con su faceta más artística.
En 1957 creó su primera escultura buscando un estilo propio, dejando de lado el arte cinético y la abstracción geométrica tan influyente en su época y que tan bien conocía. Tuvo gran afinidad por la obra de Paul Klee, debido al carácter más libre de su abstracción, muy espiritual y orgánica, que se alejaba del estricto rigor la de los artistas constructivistas abstractos y geométricos. Gego toma la línea y el espacio entre líneas, como el elemento generador y vertebrador de su obra, que aspira siempre a producir el gozo del espectador y de la propia artista. La línea como objeto de juego será pues, una constante a lo largo de toda su extensa trayectoria. El espacio donde habita esa línea, adoptará una mayor o menor dimensión, pero la estructura principal de sus creaciones siempre tratará de establecerse desde lo irregular y lo intuitivo, dotando al espacio de infinita libertad y flexibilidad.

 

Reticulárea 1969. Foto Martha Holmes /Archivo Fundación Gego.

 

El propósito experimental que animó su proceso de creación, siempre le aproximó al espacio y a reflexionar en torno a su tridimensionalidad. Las etapas principales en las que se enmarcan sus esculturas, dibujos o 'bichos', como los denominaba ella, podrían catalogarse en tres grandes grupos, en los que nos basamos para la realización de los tres talleres. Con esta serie, quisimos aproximar a las/os participantes, a varias de sus obras más icónicas evidenciando su relación con el espacio arquitectónico, donde la línea, como diría ella misma, va y viene del espacio íntimo al más abierto y de las dos dimensiones a las tres.

 


Con el taller 'Triangulaciones', que hace referencia a la escultura de gran formato que presentó por primera vez en el museo de Bellas Artes de Caracas en 1969, 'Reticulárea', nos divertimos ocupando el espacio a base del trabajo con mallas y redes de triángulos, a los que buscaremos dotar de profundidad y cambios de densidad para lograr escapar de la teselación del plano que les es natural, mientras jugamos a transformar el espacio de la sala en un interesante lugar de encuentro donde la línea se expresase en libertad y la conectividad de las formas fomentase la expresión y produjese acuerdos entre las personas.

En 'A través del espacio', reflexionamos primero en pequeño formato acerca de la tridimensionalidad de las formas elaborando esculturas arquitectónicas a partir de hilos de alambre, a la manera en que Gego fue recogiendo paulatinamente su obra de gran formato, donde participaban anteriormente los herreros y otros gremios de la arquitectura, en un retorno hacia el trabajo más artesanal del mismo modo que la artista hizo en su última etapa. En la segunda parte del taller, y en una escala mayor, trabajamos las 'tejedurías' a partir de cintas y papeles reciclados, creando entre todas y todos, una pequeña arquitectura textil.

Finalmente, con el taller 'La construcción de una sombra' abordamos esas pequeñas piezas suspendidas en el aire que constituyen la etapa de su última escultura denominada 'Dibujos sin papel', realizada a partir de mallas, alambres y objetos reciclados, que sirven para ejemplificar el rechazo que le provocaba a la artista venezolana la convención de la división estanca de los géneros artísticos.

Ahora, desde aquí nos gustaría agradecer a todas 'l*s jóvenes' os acercastéis a las sesiones (que estuvieron fantásticas!) y a las entidades y personas que han hecho esta actividad posible. ¡Muchas gracias a tod*s!

 

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> Forma Berri - Fullaondo

 

A partir de la publicación de numerosos artículos relacionados con la cultura artística y arquitectónica vasco-navarra, la revista Nueva Forma, supuso la puesta en valor y la difusión de la obra de una serie de autores, que durante los años 60, convirtieron a Euskadi en un foco cultural tan relevante a nivel cultural, como fueron Barcelona o Madrid.

Bajo la atenta dirección de Juan Daniel Fullaondo, además de una infinidad de artículos, dedicados a la reflexión crítica de la arquitectura española, se crearon una serie de monográficos de incalculable valor dedicados a artistas plásticos como Aurelio Arteta, Rafael Balerdi, Remigio Mendiburu, Jose Antonio Sistiaga, Nestor Basterretxea, así como a los que Fullaondo consideraba los escultores mas grandes de este siglo, que a sus ojos eran, Jorge Oteiza y Eduardo Chillida.

Con el taller para familias “Forma Berri” que desarrollamos este mes de septiembre en el Instituto de Arquitectura de Euskadi, con motivo de la exposición 'Juan Daniel Fullaondo. Diez obras + una visión cultural del País Vasco (1964-1978)', nos aproximamos a algunas de las propuestas de índole experimental que tanto sedujeron a Fullaondo, explorando los mecanismos de creación que proporcionaron los autores del Siglo XX, para elaborar aquellos nuevos caminos del arte que situaron a Euskadi en el mapa cultural.

En concreto, en este taller nos inspiramos en la obra 'Exposición vacía' de Sistiaga (encontrada en la revista Nueva Forma), y la propia obra de Fullaondo en su escultura urbana 'Juego de pelota' en Durango y su relación con el 'Par-móvil' de Oteiza.
 

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> Campamentos en Chillida Leku


Este mes de julio, hemos colaborado con el Museo Chillida Leku en dos campamentos de verano, uno para jóvenes de 12 a 15 años y otro, para muy jóvenes de 6 a 11 años, en donde pudimos conocer de primera mano, la obra del escultor Eduardo Chillida, mediante el estudio y la observación directa de sus esculturas en Chillida Leku, así como la práctica de algunas de las técnicas utilizadas durante su extensa carrera. Además, con motivo de la exposición temporal 'Joan Miró en Zabalaga', pudimos analizar sus obras y su manera de hacer, buscando puntos de encuentro entre los dos artistas.

Los participantes pudieron acercarse a las obras mediante el dibujo, el collage en papel, la tinta, el moldelado con cemento, el tapiz... Estructuramos la semana en cinco ejes o temas que fueron: el vacío, la materia, el símbolo, el azar y las líneas.

El vacío y la materia fueron los días para Eduardo Chillida, el símbolo y el azar para Joan Miró y las líneas, el punto de encuentro entre los dos artistas.

 

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El vacío: Al pensar en la obra del escultor Eduardo Chillida hemos de reparar en la importancia de ese mismo vacío del ceramista o el espacio interior creado por la arquitectura. No podemos cegarnos por la belleza de las superficies y las formas y abstraernos del espacio que contiene.

 

La materia: Desde sus primeras obras, la materia cobra protagonismo en las formas de Chillida, a pesar de la importancia del vacío que habita sus piezas y el aire que contiene en su interior. En concreto sus mesas, a menudo sirven para rendir homenaje a sus propios ídolos y referentes, a través casi siempre de un solo material, que se expresa en forma de estructuras horizontales de carácter brutalista.

 

A través de símbolos, de naturaleza mística y espiritual se expresa la obra surrealista de Miró. En 1936, pronunció que cada grano de polvo poseía un alma maravillosa y que para comprenderla hacía falta recuperar el sentido mágico y religioso de las cosas. Así pues, a través de la experiencia artística, Miró introdujo la mística para plasmar su comprensión del vacío y de la existencia. Buscó una super-realidad a través de los sentidos, que podemos ver expresarse de manera aguda de cuadro en cuadro, en forma de constelaciones, astros (soles, lunas...), seres vivos de manera simbólica que tratan de integrarse en un todo, como en la vida misma.

 

El azar surrealista, nos vuelve a unir con los primeros oráculos griegos, tan presentes en los albores de nuestra civilización. Así también, como nos separa ligeramente de la racionalidad que conduce a esta misma civilización hacia el ocaso de sus guerras. En los años posteriores a la primera guerra mundial, los artistas surrealistas y dadaístas, prefirieron cualquier mecanismo de pensamiento alternativo a la lógica. Los artistas del azar fueron reaccionarios, al abrazar a la suerte, tratando de de-construir las mecánicas propias de un arte anterior sujeto a aquella lógica bélica, para crear un imaginario nuevo o tal vez tan clásico como la antigua Grecia.

   

Las líneas: A Chillida le llamaban la atención los dibujos de Miró. Allá por 1997, explicó que tras observar atentamente los dibujos del pintor, sus líneas, al contrario que las propias, eran siempre curvas convexas, y que esto cambió su forma de entender la línea y el espacio. Fue así, examinando la obra de Miró, como Chillida comprendió las características de su propia obra.

 

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> Mirar con las manos


Hay un lugar común las obras de los grandes artistas plásticos. Es un espacio poético donde sus formas de expresión, encuentran su verdadera magnitud y buscan la vía para materializarse y lograr alcanzarnos alterando y ampliando nuestro campo de visión. Ese lugar es lo que conocemos como el territorio libre de la creatividad y ahí se reúnen a diario los artistas. Sin embargo, no es este un lugar sencillo para intercambiar puntos de vista y entablar conversaciones que sirvan de gran inspiración. Para ello está el plano físico, que se postula como el ideal para reunirse un momento y recordar al tiempo, que todo lo compartido y todo lo recibido permanece imborrable en el ser (o como dicen en la película Casablanca "siempre nos quedará Paris").

Los maestros Joan Miró y Eduardo Chillida se conocieron durante los años 40 en un hotel de Paris donde convivieron y congeniaron. Y esa coincidencia se repitió más veces a lo largo de sus vidas. El goce de sus encuentros lo atestigua su correspondencia que sirvió para apoyarse, demostrarse afecto y respeto mutuo por su obra, que supieron intercambiar ocasionalmente. Hablaron de lo "morrocotudo" de sus obras, como de lo diverso que puede ser trabajar líneas convexas o líneas cóncavas. Puede que en Paris, fueran ambos muy conscientes de la capacidad que tiene la poética para ofrecer una realidad alternativa, que ambos podían constituir a partir de sus obras y donde podían dar vida a un lenguaje poético, en una suerte de clarividencia o de conveniente rebeldía.

 

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Desde el mes de mayo el Museo Chillida Leku presenta una exposición de Joan Miró como artista invitado en 2022. Una exposición monográfica concebida como un homenaje a Joan Miró y un canto a su amistad con Eduardo Chillida. Compuesta por esculturas, dibujos y grabados que recorren las temáticas habituales del artista. La exposición cuenta con piezas destacadas como "Oiseau solaire, Pájaro solar" (1946-1949) o Femme, Mujer (1970).

En este contexto, el 4 de junio, fuimos invitados a impartir un taller para acercar la obra de Joan Miró al público familiar.

La dinámica comenzó con una visita guiada a las obras escultóricas de Miró y Chillida. De vuelta en sala, comenzamos el primer ejercicio. La técnica propuesta fue la construcción de una sencilla maqueta de volúmenes a base de pliegos de papel arrugados y encintados, que posteriormente envolvimos con papel de seda y cola blanca. Y en el segundo ejercicio, de manera colectiva, tratamos de evidenciar los métodos surrealistas de Miró, acercándonos al azar de sus piezas mediante el ensamblaje de objetos encontrados. Buscamos las relaciones entre ellos, hasta crear una composición que simbolizaba un ente, con una identidad que hallamos entre todos a partir del choque poético y accidental de los objetos físicos.

 

Hoy queremos agradecer como siempre a las familias que os acercastéis, al Museo Chillida Leku por invitarnos, (siempre un placer!), y sobre todo damos las gracias a Eduardo Chillida por animarnos a mirar con las manos y pensar con los ojos, por integrar la poética en nuestra pequeña ciudad y, compartir con nosotros todos sus avances en el espacio público. Mila, mila esker Maestro!

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> Mugalariak


Cuando el trabajo, la amistad y la vida cotidiana de los artistas se mezclan, surgen formas de cohabitar y compartir el espacio que distan mucho de los habituales programas de vivienda a los que estamos acostumbrados.

La casa-estudio difiere de la vivienda urbana, pues está marcada por el propósito experimental de sus habitantes. (Los estudios y talleres cobran una dimensión y una espacialidad que los otros habitáculos no tienen).

Frente a las buhardillas bohemias de sus primeros pasos, al irse consolidando como artistas, muchos intentaron crear estudios en caserones antiguos, caseríos, naves industriales y demás lugares arraigados al terreno y levemente aislados del mundanal ruido, para poder concentrarse en la producción de la obra artística, sin la interferencia que produce el marco del consumo y de la relaciones sociales, evitando muchas veces la interacción con las personas ajenas a este mundo de la creación. (Muchos artistas tienen amigos artistas!)

En los años cincuenta del pasado siglo, al calor de los movimientos de vanguardia, dos artistas vascos encargan finalmente al arquitecto del movimiento moderno Luis Vallet, la construcción de una casa para ambos y sus familias donde poder crear y vivir, en una pequeña parcela próxima a la frontera con Francia.

La casa funcional para Néstor Basterretxea y Jorge Oteiza habría de dar cabida, sin grandes lujos al trabajo artístico y separar respetuosamente los procesos de creación, de sus vidas familiares.

El objeto arquitectónico que resultó de este encargo y cuya autoría disputaron Vallet, Oteiza y Basterretxea, fue un volumen de lectura muy clara desde la calle, en forma de gran prisma blanco flotante, sobre un cuerpo gris en sombra y unido al terreno, donde los artistas acometerían sus trabajos.

 

 > Ver + fotografías del taller 'Mugalariak' aquí

 

La apariencia que ofrece la casa sobre pilotis, es la de un único bloque de yeso horadado por negros huecos, por donde abrirse paso la luz al interior y bañar sus estancias, a la manera de las pequeñas piezas a escala del maestro Oteiza en sus posteriores tizas. Y es que aquí, en la casa de frontera junto a la carretera que conduce a Francia, en el taller anexo a la vivienda, es donde tuvo lugar el nacimiento de la trascendente serie del 'laboratorio de tizas'.

El objetivo principal del taller familiar "Mugalariak", que realizamos en Ficoba el pasado 10 de diciembre, fue recuperar la memoria e incluir en el imaginario colectivo, la casa-taller de Néstor Basteretxea y Jorge Oteiza, proyectada por Luis Vallet. Esta actividad, nace con el próposito de ser la primera de una serie, en la que se interpretará la obra de los dos escultores y los proyectos artísticos que ambos desarrollaron en la época en la que vivieron en la casa.

En esta primera ocasión, realizamos una aproximación razonada al espacio que permitió el desarrollo del propósito experimental de Oteiza, en concreto la serie del 'laboratorio de tizas', entendiendo literalmente el espacio de taller como el propio espacio de un laboratorio.

 

Queremos ahora agradecer al Ayuntamiento de Irun por brindarnos esta maravillosa oportunidad de participar en la recuperación de la memoria del patrimonio arquitectónico y artístico de la comarca. ¡Hasta la próxima!


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> Kalekumeak_Encuentros BAI


La expresión escultórica es un ejemplo de diversidad, que opera con diferentes materiales que van desde el rango de los más ricos a los más industriales, pasando por los más pobres a los que también se les da vida, haciendo de ello virtud.

El escultor es ese mago que transforma, construye y crea una nueva realidad centrado en la búsqueda del espacio, de la luz, de la dureza imperecedera de los materiales y su color, como esencias de su obra, para deleite de todas y todos, ayudándonos a crear una identidad grupal desde los tiempos más remotos.

Agustín Ibarrola, nuestro escultor, con su obra “Juego de niños” apela desde esta creación suya, a esa edad del humano que fluctúa entre el bebé y el adolescente, muy ligada a la motricidad, de intensa actividad física y al aire libre, donde desarrollarse a través de la expresión corporal, llena de saltos, carreras y exploraciones diversas. Este juego infantil es tan importante que determinará aptitudes y actitudes sociales futuras, puesto que estas se establecen cuando pequeñas y pequeños se divierten ajenos a la percepción de las personas adultas.

Fuera de nuestro control se desarrolla también una cultura propia, callejera e infantil, muy autónoma, y capaz de maravillarse aun con las cosas con las que nuestras rutinas nos han llevado a dejar de preocuparnos. Así pues la obra de Agustín Ibarrola en Intxaurrondo, desde su aparente geometría abstracta, se muestra como ese juguete, o como ese objeto capaz de lograr la inter-actuación con la vida de esos "kalekumes" con la escultura, pobre en sus materiales y rica en su concepto, que aspira a ser tocada, trepada, atravesada, no solo por la luz, sino por esas niñas y niños, que desde la inocencia sabia hacen la mejor aproximación posible a la escultura urbana, naturalizándola con sus juegos como algo propio.




Con el taller "Kalekumeak", durante dos mañanas de sábado, disfrutamos e intentamos comprender los mecanismos de creación del artista vasco Agustín Ibarrola, así como de establecer dinámicas de creación a pequeña y mediana escala inspiradas en su obra, que sirvieron de hilo conductor para llevar a cabo distintas mecánicas de juego artístico basadas en la colaboración y la creación colectiva.

Esta serie de talleres, forman parte de la iniciativa "Encuentros BAI", de la recién creada asociación CaradePanEncuentros BAI de Arte Público de Intxaurrondo, es la primera edición de un festival que se espera anual, cuyo objetivo es acercar el arte contemporáneo a la ciudadanía de Donostia. 

También, el sábado 16 de octubre, se ha organizado una visita guiada donde podremos ver y apreciar las 4 piezas realizadas durante los talleres de BAI inspiradas en "Formas de Crecimiento" de Koldobika Jauregi, y "Juego de Niños" y "Las Siluetas" de Agustín Ibarrola. La re-interpretación de la cuarta obra del barrio "El Monolito" del Equipo 57, será realizada in situ por la artista plástica Sasa Yagüe.

Aquí en su web, podréis encontrar toda la información referente a los talleres que se han organizado este año, como el de el Koldo Telleria con el colectivo Dunak, el de Harago Aholkularitza o el de Elena Carriedo.


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> Buscando la Luz!


Este invierno (el 11 de enero y el 7 de marzo), hemos tenido el placer de volver a Chillida Leku, con el taller "Buscando la Luz". Con motivo de la exposición organizada en el interior del caserio Zabalaga, y por supuesto con las esculturas que habitan el parque, realizamos el taller en torno a la tercera versión de “Buscando la luz”, que metafóricamente ya apela en su título, a la búsqueda del conocimiento, y al insaciable hambre del saber humano. Este conjunto de formas de acero corten, nos evoca a una pequeña agrupación de megara griegos que dialogan con el sol y entre ellas mismas, rodeando un centro común. Estas tres graciosas arquitecturas en su parte aérea, buscan recoger y albergar la luz del sol elevando superficies ajenas al peso. Por debajo, como en toda buena arquitectura, se produce el juego de sombras, donde tres estables cobijos encaran sus cavidades de entrada, estableciendo una relación autónoma como en la tríada de Rubens (3gracias) o en las señoritas cubistas de Avignon. 


Imagen del taller por Carmiña Dovale. Ver + imágenes aquí
Así la espacialidad, la abstracción geométrica y la modernidad con que Chillida crea sus obras sin renunciar a los saberes y las técnicas ancestrales para conectar con la tradición del arte y los oficios, los materiales del entorno y la identidad local de carácter universal, dieron de si para ocupar, las dos mañanas de sábado entre líneas de tinta negra y pliegues de papel.
Como siempre disfrutamos a tope. La visita a las piezas del interior del museo, sin tocar con las manos, sino con la luz de una linterna resultó fascinante. Agradecemos ahora especialmente al departamento de didáctica del Museo por hacerlo posible e invitarnos a participar de este excepcional entorno, así como a la arquitecta Carmiña Dovale, que nos acompañó en la segunda sesión. 
¡Hasta pronto amig@s!


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> Maushaus loves Basterretxea

Foto-collage by maushaus
Si por inteligencia se pudiese entender, la capacidad de gestión ante una crisis, podríamos decir que Nestor Basterretxea es uno de los artistas vascos más inteligentes que ha dado esta tierra. El que fuera miembro fundador del Equipo 57, partícipe del llamado Grupo Aranzazu o recientemente del Grupo Gaur, fue capaz de repintar la cripta de la Basílica de Arantzazu en los años 80 y emocionarse con el trabajo realizado, casi treinta años después de sufrir el doloroso proceso de la prohibición y borrado de sus primeros murales en el año 1955. La renovación de las artes en Euskadi no estuvo exenta de malentendidos en su camino por la abstracción. El propio Basterretxea, infundió a su obra de un carácter cercano al de las vanguardias europeas de principios del siglo, trayéndonos a la Bauhaus y demás influencias gráficas al territorio, con piezas ineludibles de grandeza universal y temática local, en todas las ramas que atinó tratar. Basterretxea fue un hombre de los que pensó con el lápiz hasta el último de sus días, de los que se adentró en un universo creativo de amplio espectro y consiguió salir airoso más allá de las circunstancias personales, como un gran creador. Como él mismo reiteraba: “lo fabuloso, se dice de múltiples maneras y todo comienza desde la acción de dibujar”.

Bocetos originales para la Cripta de Arantzazu
En el reparto del premio execuo que recibieron Lara y Basterretxea para la pintura del templo de Arantzazu, el azar quiso que uno bajase bajo la nave y otro ascendiese hacia las alturas de la gloria celestial; unos años más tarde como si de completar los profusos frisos, de una bella y decorada cámara funeraria egipcia se tratase, el artista, salio a la luz del hermano sol y su obra quedó para siempre, bajo la nave.

Nosotros queremos reconciliar al artista con la expresividad de su obra en la cripta basilical, sin renunciar del todo a los bocetos de los primeros murales. Tomando también, una cierta distancia con la dramaturgia de las temáticas duales, del bien y el mal, del pecado, los martirios y demás ideas que encontramos en los papeles cubistas de la época, conscientes en todo caso, de que las criptas ya  etimológicamente, nos hablan de lo oculto, de oscuridad e incluso de reposo eterno.
Esta primavera (*), nos volveremos a encontrar en Arantzazu, en un nuevo taller, donde trabajaremos diversas técnicas, como la pintura mural, el collage y la escultura, mediante las que intentaremos entender y sobre todo disfrutar de la intensa obra de Nestor Basterretxea.

Os dejamos aquí, un maravilloso vídeo realizado por el Museo Oteiza, en el que el autor explica la historia de su intervención en la Basílica.

(* Las inscripciones para este taller, que cuenta con 20 plazas, deberán realizarse antes del 10 de abril escribiendo a la dirección arantzazugaur@arantzazu.org o llamando al 943 716 575 o 639 051 931.)

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Sabadabadá_Ugarte


Ricardo Ugarte 'Estela'/ 1970
A lo largo de los siglos, las técnicas escultóricas han avanzado enormemente. Desde las primeras imágenes votivas, se han fundido los metales, tallado la madera y la piedra, para crear la escultura de bulto redondo. Se han juntado toneladas de hierro para llegar a las obras de hierro industrializado unidas por soldadura eléctrica. Los escultores sin embargo, aunque aparentan sólo, seguir explorando las relaciones constructivas de sus piezas de manera racional, explorando las relaciones entre el espacio interior y exterior de las piezas, hablando de la materia y de la luz, del vacío y del volumen, siguen desafiando las leyes físicas del equilibrio, creando hitos que nos conmuevan a los demás, estableciendo nuevamente el símbolo, como en los primeros tiempos de la humanidad.


Desde, la columna sin fin, de Brancusi, pasando por la transestatuaria oteiziana en Aranzazu, o sus estructuras livianas, la escultura cinética de Calder y demás, las esculturas actúan también hoy como modernos monolitos, como menhires del siglo XXI. La Estela de Ricardo Ugarte, de 1970, en la plaza del centenario de Donostia, nos recuerda con forma de escultura en la ciudad, cómo habitar un hueco. Ugarte nos atrapa la mirada, con una sucesión abstracta de módulos de acero en columna, que, a veces abiertos, otras no, ascienden hacia los cielos constructivistas, haciendo aparentemente caso omiso a la gravedad.


Con este taller de Sabadabadá, hemos jugado al equilibrio, con unidades modulares de cartulina, para crear interesantes esculturas en columna. Siguiendo las leyes de la Estela original, que hemos ido a visitar, escalar, habitar y traspasar, en la medida de lo posible, se crearon variaciones, de curiosas relaciones y sorprendentes espacios interiores, que una vez equilibrados, fijamos con grapas para retenerlo eternamente. Hemos aprendido del escultor que no esculpe, sus maneras constructivas, su vertical de pesos, como razón de ser de una obra que aspira a los cielos, aunque sean modernos.
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